Yo era una tarde de invierno,
nostalgia y ceniza en la cama;
los restos de un incendio provocado;
las ruinas que quedan
cuando un castillo es asaltado sin piedad;
un poema cansado
en forma de papel arrugado
en la papelera de cualquier oficina gris.
Tú eras un paseo por el campo,
un día de marzo,
el olor a caricia
sobre la hierba recién cortada;
el abrazo de bienvenida
en la terminal vacía de un aeropuerto;
eras la hora del recreo,
la tarde del viernes,
las vueltas a casa después del trabajo;
también eras los sábados por la noche,
el gol por la escuadra en el último minuto,
el polvo de reconciliación
de todas esas discusiones
que en el fondo solo son excusas
para encontrar nuevas formas de quererse.